La Copa del Mundo 2026 se encuentra en sus etapas finales, pero las controversias políticas han opacado el análisis deportivo del evento. La intervención de Donald Trump en la FIFA, relacionada con el delantero Folarin Balogun, ha generado críticas y ha señalado la creciente dimensión geopolítica del torneo.
Balogun, quien fue expulsado en un partido contra Bosnia y Herzegovina, se convirtió en el centro de atención tras la confesión del presidente estadounidense sobre su intervención ante la FIFA para cambiar la decisión del árbitro. Esta situación ha sido catalogada como uno de los episodios más controvertidos en la historia reciente de la organización.
La FIFA, bajo la presidencia de Gianni Infantino, ha mantenido una postura estricta hacia las federaciones, especialmente las africanas, asiáticas y latinoamericanas, amenazando con suspensiones ante cualquier intromisión gubernamental en sus asuntos. Esta actitud ha generado descontento, especialmente entre aquellos que abogan por un periodismo crítico y profesional, fundamental para la democracia.
Trump ha intentado influir en las reglas del campeonato, lo que ha llevado a cuestionamientos sobre la legitimidad de las decisiones de la FIFA. Infantino, a su vez, ha sido criticado por su aparente sumisión y su justificación de la situación, afirmando que recibe llamados de líderes mundiales como parte de su labor.
Además, la controversia no es nueva, ya que el evento, que se organiza por primera vez en tres países distintos, se inició con decisiones polémicas como la expansión del número de participantes, buscando maximizar los beneficios económicos en un certamen que pretende alcanzar a más de cinco mil millones de espectadores.