Vaca Muerta se presenta como una oportunidad clave para atraer inversiones, generar empleo y obtener dólares para Argentina. Sin embargo, la experiencia histórica sugiere que la riqueza de recursos no se traduce automáticamente en bienestar general. La falta de decisiones inteligentes puede llevar a que los beneficios no se distribuyan equitativamente en la sociedad.
En el contexto actual, es esencial que Argentina integre su patrimonio natural con un nuevo activo: el talento humano y la capacidad tecnológica. La adopción de la inteligencia artificial (IA) se presenta como una infraestructura estratégica que podría multiplicar el valor del suelo argentino. La experiencia de países como Finlandia y Estonia demuestra que un enfoque en la política sostenida y la construcción de confianza institucional puede ser fundamental para el progreso.
Estonia, a pesar de sus limitaciones en recursos naturales, ha logrado digitalizar completamente su administración estatal, creando un “estado invisible” que optimiza costos y mejora la soberanía tecnológica. Esta soberanía se relaciona con la capacidad de una sociedad para generar y aplicar conocimiento en la resolución de sus problemas.
El debate en Argentina a menudo se polariza entre quienes creen que la solución radica en los recursos subterráneos y aquellos que apuestan por la tecnología. Sin embargo, es fundamental ver a Vaca Muerta y a la IA como partes de una estrategia integral, donde la primera puede proporcionar los recursos necesarios y la segunda puede incrementar la productividad y el valor agregado.