La producción de Vaca Muerta ha alcanzado un nuevo máximo histórico, representando el 70% de la producción nacional en julio de este año. Este avance se atribuye a la mejora en la productividad, impulsada por la adopción de nuevas herramientas y la optimización de las etapas de extracción. Desde su confirmación en 2011 como un recurso no convencional, Vaca Muerta ha evolucionado desde pozos exploratorios hasta convertirse en un importante polo de shale en América Latina.
La situación geopolítica actual, especialmente el conflicto en Medio Oriente, ha resaltado la importancia de la seguridad del abastecimiento energético. Gabriel Righini, experto en energía, señala que los países importadores están buscando diversificar sus proveedores, lo que posiciona a América Latina como un actor clave en la oferta de petróleo y gas desde fuera de la OPEP.
Con recursos técnicos y una productividad en ascenso, Vaca Muerta se perfila como una fuente competitiva y diversificada de energía. La Cuenca Neuquina, donde se ubica, es reconocida como la cuarta reserva no convencional de petróleo y la segunda de gas a nivel global. La reconfiguración de los mercados internacionales y el creciente interés en el gas natural licuado (GNL) refuerzan su relevancia en el panorama energético actual.