La producción creciente de petróleo en Vaca Muerta está generando un notable aumento en la producción de gas asociado, lo que plantea el desafío de realizar obras para su tratamiento. Este tipo de gas, que incluye elementos como propano, butano y etano, requiere instalaciones específicas para su separación y procesamiento.
Se prevé que la producción de gas asociado se multiplique significativamente, alcanzando hasta ocho veces más hacia 2031, con solo el 16% de la producción total siendo gas seco. Este cambio se verá acelerado con la puesta en marcha del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) en enero del próximo año, que permitirá duplicar la producción petrolera en la región.
Las empresas como Compañía Mega y TGS ya están exportando estos líquidos pesados, lo que pone de manifiesto la necesidad de adecuar la infraestructura para procesar el gas asociado, especialmente en el contexto de los proyectos de gas natural licuado (GNL) impulsados por YPF, Eni y XRG, que también se centran en pozos de gas húmedo.