El desarrollo de Vaca Muerta está en una nueva fase, donde la comprensión del subsuelo se vuelve crucial para la rentabilidad de los proyectos. Las operadoras deben enfrentar un entorno más complejo, donde cada decisión de perforación impacta directamente en la productividad. Ernesto Díaz, vicepresidente de Rystad Energy, señaló que el principal desafío actual no radica en expandir la superficie desarrollada, sino en entender la respuesta de la roca a nuevas estrategias de desarrollo intensivo.
Uno de los problemas que surge con el avance del desarrollo es la interferencia entre pozos. A medida que aumenta la densidad de perforación, los pozos comienzan a interactuar, lo que puede afectar negativamente la producción total si no se gestiona adecuadamente el espaciamiento. Esto lleva a reconsiderar la lógica de crecimiento, ya que perforar más pozos no garantiza mayor producción. La planificación se convierte en un factor crítico, donde el conocimiento técnico y la experiencia operativa son esenciales para evitar pérdidas de eficiencia.
El fenómeno del efecto parent-child también destaca como un desafío técnico importante. Este ocurre cuando un pozo nuevo se desarrolla cerca de uno existente, alterando las condiciones de presión del reservorio y afectando su rendimiento. La capacidad de optimizar cada intervención se vuelve fundamental para el futuro de la cuenca neuquina.