En Bariloche, se llevará a cabo una discusión crucial sobre la reforma de la Carta Orgánica, que pretende establecer las bases para los próximos veinte años. Este proceso no debe limitarse a la revisión de cargos o estructuras, sino que busca crear un documento más sencillo y moderno que exija responsabilidad a quienes están a cargo de la administración pública.
Uno de los puntos centrales de esta reforma es la necesidad de reducir la burocracia y aumentar el control. La confusión entre control y burocracia ha llevado a procesos más lentos, por lo que es esencial simplificar procedimientos y consolidar el expediente digital. Cada decisión administrativa debe ser clara y trazable, incluyendo información sobre quién decidió, por qué y cuáles fueron los resultados de esas decisiones.
Además, se propone que cada poder del Estado cumpla con su rol de manera efectiva: el Ejecutivo debe gobernar, el Concejo debe legislar y ejercer control político, mientras que el Tribunal de Contralor debe operar de forma independiente. La modernización del control es vital, utilizando tecnología para detectar irregularidades y garantizar la transparencia en la gestión pública.
Un enfoque en los resultados es fundamental; el Estado debe ser evaluado no solo por su gasto, sino por los logros alcanzados. Cada área debe tener objetivos claros y medibles, asegurando que las inversiones en infraestructura, como calles y transporte, se traduzcan en mejoras concretas para la comunidad.
Por último, se plantea la creación de un Fondo Permanente de Infraestructura que permita a Bariloche planificar a largo plazo. También se debe abordar la problemática de la vivienda, asegurando que las familias tengan acceso a terrenos y servicios adecuados, generando así un valor que regrese a la comunidad.