Cada 13 de julio se celebra el Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), una fecha destinada a crear conciencia sobre esta condición del neurodesarrollo que afecta a personas de todas las edades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como un trastorno caracterizado por patrones persistentes de inatención y/o hiperactividad-impulsividad, que pueden interferir en el funcionamiento académico, laboral, social o familiar.
El diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado son fundamentales para mejorar la calidad de vida de quienes padecen esta condición. A lo largo de los años, el TDAH ha estado rodeado de prejuicios, y muchas personas han sido erróneamente clasificadas como “distraídas” o “inquietas”, sin que se haya considerado su verdadero diagnóstico.
Los síntomas del TDAH varían entre individuos, pero entre los más comunes se encuentran: dificultad para mantener la atención, olvidos frecuentes, problemas de organización, impulsividad y una inquietud motora constante. Es importante que estos signos sean evaluados por profesionales capacitados, ya que pueden confundirse con otras condiciones del desarrollo.
Aunque a menudo se identifica en la infancia, el TDAH puede persistir en la adultez, lo que resalta la necesidad de un diagnóstico y un tratamiento continuos.