Las elecciones brasileñas del 4 de octubre se perfilan con Lula da Silva como probable ganador de la primera vuelta, aunque enfrentará un balotaje contra el conservador Flávio Bolsonaro veinte días después. La diferencia de votos entre ambos contendientes será crucial, ya que un margen estrecho podría complicar la reelección del líder del PT.
La campaña oficialista enfrenta dificultades debido a una intensa crisis interna en la Corte Suprema, que ha salpicado al gobierno y afectado el clima político en el país. Este desorden es un factor que podría influir en el ánimo de los votantes, especialmente en un contexto marcado por un escándalo de corrupción que afecta a diversos niveles de la política brasileña.
Un nuevo candidato, el psiquiatra y escritor Augusto Cury, ha emergido en el tercer lugar, atrayendo la atención con un discurso crítico hacia la política tradicional. Su postura podría alterar la dinámica del voto, aunque se desconoce a dónde se dirigirán sus seguidores en las urnas.
Además, el escándalo del colapso del banco Master, que ha generado una de las mayores estafas de la historia de Brasil, añade un trasfondo complicado a estos comicios, dejando un tendal de víctimas financieras que también podría influir en la decisión del electorado.