El Latinobarómetro, dirigido por la socióloga chilena Marta Lagos, ha evidenciado una creciente crisis en el apoyo a la democracia en América Latina. Este descontento no se traduce en un respaldo a modelos autoritarios, sino que se centra en la insatisfacción con el funcionamiento de los gobiernos, alcanzando niveles de desaprobación de hasta 65 por ciento.
Desde el auge de las materias primas en la primera década del siglo, millones de latinoamericanos lograron salir de la pobreza y formar una nueva clase media. Sin embargo, el crecimiento casi nulo de la última década, agravado por la pandemia y la inflación global, ha llevado a un estancamiento o caída de los ingresos reales, mientras que los costos de vida han aumentado considerablemente.
Este contexto ha provocado un comportamiento electoral caracterizado por el voto cruzado, donde los ciudadanos buscan evitar que accedan al poder aquellos que no desean, sin importar el candidato. La reciente victoria en primera vuelta del empresario Abelardo de la Espriella en Colombia, quien superó al oficialista Iván Cepeda, refleja esta frustración generalizada con los gobiernos actuales y la tendencia hacia propuestas conservadoras más duras.