El sector textil enfrenta una grave crisis, donde aproximadamente 90 millones de trabajadores, en su mayoría mujeres, reciben salarios insuficientes para cubrir sus necesidades básicas. Las grandes empresas que comercializan camisetas de algodón continúan obteniendo altas ganancias, mientras que los precios que pagan a los fabricantes apenas han aumentado en dos décadas, ajustándose aún menos cuando se considera la inflación.
Este problema es más agudo en Asia, donde se concentra cerca de dos terceras partes de la producción textil mundial. La situación refleja una tendencia a la baja que perjudica tanto a los trabajadores como a la viabilidad económica de los fabricantes, quienes enfrentan una presión constante para mantener costos bajos a expensas de condiciones laborales justas.
El impacto de esta dinámica no solo afecta a las economías locales, sino que también plantea serios cuestionamientos sobre la sostenibilidad de la industria en su conjunto y la responsabilidad de las grandes marcas en la crisis laboral que atraviesan estos trabajadores.