El actual escenario energético global se encuentra en una fase de transformación profunda. La percepción de la energía como un recurso ilimitado y económico está cambiando drásticamente debido a tensiones geopolíticas.
Las dinámicas en el Estrecho de Ormuz están marcando el inicio de una nueva era, donde el acceso a la energía se convierte en un elemento crucial no solo para el desarrollo económico, sino también para la seguridad de las naciones.
Este cambio podría tener repercusiones significativas en los mercados energéticos, que ya no se ven como un sector aislado, sino como un componente central en la estrategia de supervivencia de los países.