El sector de hidrocarburos no convencionales y la minería metalífera han experimentado un notable crecimiento del 33% en su actividad general. Sin embargo, este avance contrasta con la pérdida de 7.613 puestos de trabajo formales en el mismo periodo, lo que ha generado preocupación en los sindicatos. La incorporación de inteligencia artificial y la automatización de procesos han sido identificadas como las principales causas de esta desconexión entre el éxito macroeconómico y la realidad laboral.
Las grandes operadoras están extrayendo volúmenes de crudo y gas mucho mayores, pero con un número significativamente menor de trabajadores. Esto permite a las empresas maximizar ganancias y reducir costos, pero también desplaza a la mano de obra calificada. Además, la situación de las cuencas petroleras tradicionales en el sur del país ha empeorado, con el declive de campos convencionales que ha llevado a la salida de operadoras de provincias como Santa Cruz y Chubut.
En el ámbito de la minería, los proyectos vinculados al litio en el norte argentino presentan rendimientos de extracción prometedores, aunque su impacto laboral directo es bajo. Estos megaemprendimientos requieren inversiones significativas en tecnología, lo que limita la absorción de personal. Las plantas operan con alta digitalización, necesitando solo un reducido número de técnicos especializados.
Este fenómeno se inserta en una crisis de empleo más amplia a nivel nacional, con una pérdida neta de 246.300 puestos en el mercado de trabajo privado registrado.