Los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el Pentágono y las Torres Gemelas provocaron un cambio significativo en la percepción global del terrorismo islamista. Este evento marcó un antes y un después, ya que se registró un aumento notable en la cantidad de ataques y en la proliferación de organizaciones involucradas en este tipo de terrorismo.
El inicio de esta serie de ataques se remonta al 18 de abril de 1983, cuando un atacante suicida detonó un vehículo explosivo frente a la Embajada de Estados Unidos en Beirut, resultando en la muerte de 63 personas. Este ataque fue reivindicado por la Organización de la Yihad Islámica, la cual posteriormente fue vinculada al movimiento que se convertiría en Hezbolá.
Antes de 1983, uno de los atentados más impactantes había sido la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, cuando ocho integrantes de Septiembre Negro tomaron como rehenes a miembros de la delegación israelí, resultando en la muerte de 11 israelíes, un policía alemán y cinco atacantes. Sin embargo, este evento no se incluye en las estadísticas de terrorismo islamista, ya que respondía a un contexto nacionalista palestino y no al islamismo yihadista.
Entre 1983 y 2001, los atentados islamistas continuaron, aunque con menor frecuencia. Destacan el ataque al restaurante El Descanso en España en 1985, el atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires el 17 de marzo de 1992, y el primer ataque contra el World Trade Center en 1993, que dejó seis muertos. Otros ataques notables incluyen las explosiones contra las embajadas de Kenia y Tanzania en 1998, que causaron 224 muertos.