La balanza comercial energética de Argentina ha experimentado un cambio notable, pasando de ser deficitaria a registrar un superávit de 7.800 millones de dólares el año pasado, con proyecciones que superan los 10.000 millones para este año. Este giro se debe al crecimiento de Vaca Muerta y a la transformación del sector energético, que está ganando preeminencia frente a la tradicional dependencia del agro.
El analista Santiago Llull afirmó que la incorporación de divisas de sectores como la energía es crucial, aunque la rentabilidad dependerá de diversos factores. La sostenibilidad de este fenómeno no está asegurada solo por políticas internas, sino que también se ve influenciada por los precios internacionales y la macroeconomía local.
El RIGI (Régimen de Inversiones para la Generación de Ingresos) está propiciando inversiones a largo plazo, lo que podría dificultar cambios en sus beneficios por parte de futuros gobiernos, tal como indicó Carbajales. Este régimen, junto con nuevas obras de infraestructura, podría prolongar esta tendencia hasta 2030 o más allá.
Las condiciones actuales parecen alineadas entre inversores internacionales y empresas nacionales, lo que añade un nuevo matiz a la matriz exportadora del país. Sin embargo, la dependencia de las fluctuaciones del mercado global sigue siendo un factor crítico a considerar.