El Movimiento Popular Neuquino (MPN) enfrenta una crisis severa tras su derrota en las elecciones provinciales de 2023, que marcó el fin de 60 años en el poder. El partido, que solía ser una fuerza dominante en la política de la provincia, ahora se encuentra en una situación precaria, similar a un boxeador golpeado que lucha por mantenerse en pie. A pesar de contar con intendentes y un bloque en la Legislatura, su relevancia en la política actual ha disminuido considerablemente.
La mayoría de sus miembros se ha alineado con Rolando Figueroa, mientras que Mariano Gaido, intendente de Neuquén capital, ha optado por desarrollar su propio proyecto político denominado “Primero Neuquén”. Este desvío ha contribuido a la fragmentación interna del MPN, que ha dejado de operar de manera orgánica. Aún así, figuras como Jorge Sapag y Omar Gutiérrez mantienen sus posiciones en la Convención y la Junta del partido, aunque estas serán renovadas en las próximas elecciones del 23 de agosto.
Las causas de esta caída del MPN pueden ser diversas, pero se relacionan con un alejamiento de las necesidades del pueblo y luchas internas que han debilitado su estructura. La advertencia de Felipe Sapag, quien en 1962 señaló que el éxito depende de gobernar para el pueblo y evitar la vida fácil, resuena con fuerza en el contexto actual del partido.