Volodymyr Seredenko, quien emigró de Ucrania a Argentina a los 13 años, recuerda con nostalgia los aromas de su país natal, especialmente en otoño y primavera. Junto a su madre, abandonó Ucrania en busca de un futuro mejor en 1994, en medio de una ola migratoria impulsada por la crisis económica tras la caída de la Unión Soviética.
Al llegar, enfrentaron el desafío de adaptarse a un nuevo país con un idioma desconocido. Mientras que Volodymyr logró aprender español rápidamente, comunicándose inicialmente mediante señas, su madre tuvo una experiencia más complicada. Él reconoce que muchos inmigrantes, como su madre, llegaron con la esperanza de ofrecer mejores oportunidades a sus hijos.
La decisión de su madre de dejar todo atrás no fue fácil, pero la búsqueda de un futuro prometedor motivó su traslado. Después de residir unos años en Buenos Aires, Volodymyr encontró trabajo en gastronomía en Bariloche, aunque inicialmente era solo por temporada. Sin embargo, esa oportunidad se convirtió en un empleo permanente, lo que le permitió establecerse en el país.
El contraste entre su ciudad natal y Buenos Aires fue significativo para él, quien venía de un lugar con abundantes espacios verdes y parques. A pesar de las dificultades iniciales, Volodymyr ha encontrado su lugar en Argentina, donde ha construido su vida a lo largo de los años.