Las empresas enfrentan nuevos desafíos en un contexto global cada vez más complejo, donde los riesgos internacionales impactan directamente en la producción y la inversión. Situaciones como la pérdida de un proveedor clave o el cierre de rutas marítimas pueden provocar interrupciones significativas en las operaciones industriales.
La estabilidad internacional, antes considerada un hecho garantizado, ha sido puesta en duda por diversos eventos, incluyendo la competencia entre Estados Unidos y China, la pandemia y la invasión de Ucrania. Estos factores han demostrado que una crisis lejana puede afectar rápidamente a las industrias locales, ya sea a través de la escasez de insumos o el aumento de costos de transporte.
En este nuevo escenario, las empresas están reconsiderando sus estrategias de producción y abastecimiento. Aunque la eficiencia de costos sigue siendo importante, la dependencia de un solo proveedor puede resultar riesgosa. Por lo tanto, se está promoviendo una revisión de las cadenas de suministro para incorporar redundancias que mitiguen posibles interrupciones.
Así, se está transitando hacia una globalización más fragmentada y competitiva, donde la seguridad en el acceso a recursos esenciales, como energía y minerales, se vuelve primordial. Las empresas ahora consideran trasladar parte de su producción a países percibidos como más confiables, aunque esto no siempre implique los precios más bajos.