Las protestas en Irán han cobrado fuerza en las últimas semanas, originadas por la crisis económica y evolucionando hacia un rechazo al régimen de la República Islámica. Miles de iraníes en el extranjero se han manifestado en apoyo a las movilizaciones dentro del país, desafiando la autoridad del gobierno. Las tensiones han llevado a un incremento en la represión por parte de las autoridades, que culpan a enemigos externos como Estados Unidos e Israel.
La situación se complica por la ubicación geopolítica de Irán en el estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio de energía, y su controvertido programa nuclear. Desde la Revolución Islámica de 1979, las relaciones entre Irán y Estados Unidos han estado marcadas por conflictos, sanciones y desconfianza, con el presidente estadounidense, Donald Trump, sugiriendo la posibilidad de negociaciones entre ambos países.
A pesar de las tensiones, el programa nuclear sigue siendo un tema central en las relaciones con Occidente, con Irán habiendo enriquecido uranio hasta un 60 por ciento, lo que intensifica la preocupación internacional sobre sus intenciones nucleares y la estabilidad en la región del golfo Pérsico.