Patricia Molina, de 39 años, oriunda de Esquina, Corrientes, se trasladó al sur del país en busca de mejores oportunidades laborales. Tras una breve estancia en Cipolletti, se estableció en General Roca, donde encontró no solo empleo, sino también la posibilidad de iniciar su propio emprendimiento en el ámbito de la alimentación consciente.
Con formación en docencia de economía, Molina dejó su carrera tradicional hace tres años, eligiendo un camino alternativo que le permitió seguir enseñando, pero en contextos distintos. La llegada de la pandemia propició un cambio significativo en su vida, brindándole la oportunidad de explorar nuevas áreas de interés, especialmente en la elaboración de kombucha, una bebida fermentada que se populariza por sus beneficios para la salud.
Motivada por su nuevo proyecto, comenzó a investigar sobre fermentación y se capacitó en Bariloche, lo que la llevó a crear un emprendimiento de cocina viva. Actualmente, su trabajo se centra en la deshidratación de alimentos, utilizando hornos deshidratadores ubicados en el Centro Comunitario La Rivera.