Un estudio de la Universidad de Harvard analizó a 1.338 adultos mayores de 56 años durante un periodo de 19 años para investigar la relación entre la duración de las siestas y el desarrollo de enfermedades relacionadas con la mortalidad. Los resultados revelaron que las siestas prolongadas no causan directamente la muerte, pero pueden indicar problemas de salud subyacentes.
Durante el estudio, se registró que 960 de los participantes fallecieron. Los investigadores notaron que a medida que los individuos envejecían, la frecuencia y duración de las siestas aumentaban, lo que se asociaba con una disminución en la actividad física y otros hábitos saludables. La siesta ideal, según los científicos, debería durar entre 20 y 30 minutos, ya que este tiempo es suficiente para obtener beneficios sin afectar el sueño nocturno.
El exceso de sueño diurno en personas mayores puede estar vinculado a deterioro cognitivo, problemas cardiovasculares y diabetes. Esto sugiere que las siestas prolongadas podrían ser una señal de alerta sobre el estado de salud general de los individuos. Los especialistas enfatizan la importancia de mantener las siestas breves y no sustituirlas por un sueño nocturno adecuado.