El crecimiento de la industria hidrocarburífera en la Cuenca Neuquina ha generado un impacto significativo en la infraestructura vial de la región, especialmente en las rutas nacionales 22 y 151, que originalmente estaban diseñadas para el transporte de producción frutícola. Actualmente, estas vías son cruciales para conectar los yacimientos de Vaca Muerta con las instalaciones industriales y los centros de servicios, lo que ha incrementado la presión sobre su capacidad de carga.
El aumento en el movimiento de equipos de perforación, camiones de arena de sílice, tubos e insumos industriales ha llevado al deterioro de estas rutas, lo que repercute en los tiempos de traslado, el desgaste vehicular y los costos operativos. Este deterioro no solo afecta la eficiencia de las operaciones energéticas, sino que también impacta a otras actividades productivas, como la fruticultura, que depende de estas vías para llevar su producción a los mercados y puertos de exportación.
El desafío principal radica en que la actividad económica opera con una lógica regional, mientras que la planificación de infraestructura sigue dividida por límites provinciales. Esto significa que el estado de las rutas en Río Negro puede influir en los costos y tiempos de las operaciones en Neuquén, lo que subraya la necesidad de una coordinación más efectiva en la planificación vial y logística entre ambas provincias.