La escalada del conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel, que comenzó con el bombardeo a Irán el 28 de febrero, ha centrado la atención en la cuestión energética a nivel global. El cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ha restringido el tránsito de alrededor del 20% del petróleo y gas natural licuado que se envía a Europa y Asia, lo que genera preocupación por una posible crisis de abastecimiento.
Como consecuencia, el precio del barril de petróleo ha superado los 100 dólares, lo que impacta en las economías de diversos países que dependen de estos recursos. Este aumento de precios podría acarrear serias dificultades para las naciones que requieren un acceso constante a fuentes energéticas para su funcionamiento.