El desarrollo de Vaca Muerta se ha convertido en un motor clave para la economía argentina, impulsando un aumento significativo en la demanda de energía. No obstante, este crecimiento enfrenta un desafío logístico crítico relacionado con el suministro de arena silícea, esencial para la técnica de fractura hidráulica.
Cada pozo no convencional requiere entre 11.000 y 15.000 toneladas de arena, y la demanda proyectada para 2026 podría alcanzar entre 9 y 12 millones de toneladas anuales para 2030. Esta situación obliga a reevaluar la infraestructura logística que sostiene el desarrollo de la cuenca.
La industria se enfrenta a una decisión entre dos tipos de abastecimiento. Las arenas de Entre Ríos, que representan entre el 70% y el 80% del mercado, son valoradas por su calidad, pero su transporte a más de 1.200 kilómetros hasta los yacimientos neuquinos genera un alto costo, de aproximadamente 185 dólares por tonelada. En contraste, las arenas de cercanía, extraídas en Neuquén y Río Negro, permiten reducir costos operativos, aunque su menor dureza podría resultar en una pérdida de productividad de hasta el 20%.
Actualmente, las canteras neuquinas producen cerca de 20.000 toneladas mensuales, un volumen que apenas satisface las necesidades de uno o dos pozos, lo que resalta la insuficiencia del abastecimiento local.