Benja, un niño de 11 años que cursa quinto grado, disfruta de actividades como dibujar, inventar historietas y jugar al Roblox con sus amigos. En el contexto del Día de las Infancias, se reflexiona sobre la importancia de que los adultos escuchen las identidades de los niños. Benja, quien se identifica como un niño trans, ha aprendido a expresar su felicidad y su forma de ser: “Soy confrontativo, confronto lo que está mal. Soy feliz, soy muy fluido”.
Su historia comenzó a desarrollarse durante la pandemia, cuando a los cinco años empezó a hacer preguntas sobre su identidad que su madre, Jessi Valenzuela, encontró difíciles de entender. A pesar de que su crianza había sido siempre abierta, a medida que crecía, sus elecciones comenzaron a tomar más forma y certeza.
Con el tiempo, Benja se sintió incómodo con ciertos aspectos de su cuerpo y decidió que quería ser llamado así. Su madre recuerda cómo fue el proceso: “Fue progresivo. Él iba tanteando cómo íbamos actuando cada uno”. Tras expresar que quería que lo llamaran “él”, Jessi buscó información sobre infancias trans y encontró apoyo en personas clave, como Daniela Maidana, de Nueva Crianza, una organización que acompaña a las familias en este camino.