La decisión judicial que permite al empresario J. R., condenado por abuso sexual a su hijastra, cumplir prisión domiciliaria en un barrio privado de Neuquén ha generado un fuerte rechazo entre los vecinos de la zona. Desde el jueves, tras conocerse su regreso, los residentes comenzaron a protestar frente a su vivienda con bocinazos, cacerolazos y otras formas de manifestación.
Este viernes, la movilización se intensificó desde las 17, con un mayor número de personas congregadas que realizaban un cacerolazo, colgaban carteles y pancartas dirigidas a la Justicia. Para prevenir disturbios, se desplegó un importante operativo policial que custodió el domicilio, donde se pidió a los manifestantes que no causaran daños.
Un vecino expresó su indignación, señalando que el barrio, que debería ser un lugar seguro para las familias con niños, ahora tiene a un violador viviendo entre ellos. "Los que estamos presos somos nosotros", afirmó, subrayando la dificultad de explicar la situación a los niños del barrio que ya han visto al condenado con su tobillera electrónica.
Los manifestantes piden que J. R. sea trasladado nuevamente a una unidad de detención en lugar de permanecer en el barrio, donde la presencia del condenado ha alterado la sensación de seguridad de los residentes.