Desde hace ocho años, Intecnus ha experimentado un crecimiento constante, aumentando tanto la cantidad de pacientes atendidos como la complejidad de los servicios ofrecidos. Esto permitió consolidar su capacidad asistencial y establecerse como un centro de referencia en medicina de alta complejidad en la región. Se lograron habilitaciones clave, como quirófano, internación y terapia intensiva, además de incorporar tecnologías avanzadas y procedimientos como la cirugía mínimamente invasiva.
No obstante, desde febrero-marzo de este año, la institución ha enfrentado cambios significativos en su funcionamiento. Se han cerrado quirófanos, disminuido las prestaciones quirúrgicas de alta complejidad y suspendido servicios especializados, como la Unidad de Mastología. Estas decisiones han impactado negativamente en todas las especialidades quirúrgicas, reduciendo drásticamente la capacidad de respuesta de la institución.
En San Carlos de Bariloche, donde la oferta de camas y quirófanos es limitada, resulta difícil entender estas medidas. Para muchos, la prioridad debería ser preservar y aumentar la capacidad asistencial. Las decisiones tomadas por el presidente del Consejo de Administración, ingeniero Gennuso, y el auditor interno, Dr. Valentín Ugarte, son vistas como un retroceso en comparación con el crecimiento logrado en los últimos años.
Además, la aprobación por parte de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de este proceso genera preocupación, ya que Intecnus fue creado con el objetivo de combinar asistencia, investigación y docencia en el tratamiento de enfermedades complejas. La reducción de servicios parece alejarse de esa misión original.