La lámpara de Moser, un innovador sistema de iluminación creado por el mecánico brasileño Alfredo Moser durante la crisis energética de 2001, utiliza una botella de plástico PET llena de agua y cloro para iluminar espacios sin consumir electricidad. Este método, que no genera calor y no requiere mantenimiento, se ha replicado en diversas partes del mundo, incluidos Argentina, Filipinas, India, Bangladesh y Tanzania.
El sistema consiste en una botella de aproximadamente dos litros que se coloca parcialmente fuera del techo, permitiendo que la luz solar refracte y se disperse en la habitación. Esto contrasta con un simple agujero en el techo, que solo proyecta luz en un punto específico. La adición de cloro ayuda a prevenir el crecimiento de microorganismos que podrían enturbiar el agua, asegurando así una mayor transmisión de luz durante un periodo prolongado.
Un estudio realizado en 2020 midió el rendimiento de este sistema y encontró que tres botellas podían generar 1.739 lux, superando notablemente las condiciones de iluminación de una oficina o una habitación residencial. Sin embargo, se destacó que se requieren más pruebas para validar estos resultados en diferentes entornos.
La popularidad de la lámpara de Moser ha crecido gracias a diversas iniciativas que fomentan su uso, convirtiendo un residuo cotidiano en una solución efectiva para la falta de luz eléctrica en muchas comunidades.