Un accidente en un yacimiento petrolero resultó en la muerte de un trabajador tras ser golpeado por una válvula de aproximadamente 35 kilos que cayó desde una altura de 15 metros. Este trágico evento ocurrió en septiembre de 2018 mientras otro operario estaba a cargo de la supervisión de herramientas.
El testigo del accidente intentó asistir a su compañero, quien falleció minutos después. A lo largo del tiempo, este trabajador comenzó a sufrir ataques de pánico y decidió buscar tratamiento psicológico y psiquiátrico. Tras su recuperación, solicitó una indemnización a la aseguradora de riesgos del trabajo (ART), pero su reclamo fue inicialmente desestimado.
La ART argumentó que no existía relación entre su patología y el accidente. Sin embargo, un fallo de primera instancia a favor del trabajador fue confirmado por la Cámara de Apelaciones 2, que estableció la conexión entre el incidente y las secuelas psicológicas del testigo. A pesar de las objeciones de la ART sobre la validez de la evaluación psiquiátrica y el tiempo transcurrido para la manifestación de su condición, se identificó un trastorno de estrés postraumático con síntomas de angustia intensa y dificultades para dormir.
El juez Eduardo Richter, al revisar el caso, consideró fundamental el testimonio del trabajador y determinó que las secuelas psicológicas eran una consecuencia directa del accidente que presenció.