El 23 de abril de 2010, Víctor “Perico” Pérez, quien había asesinado al cabo Sergio Acuña en un asalto a la sede de Pago Fácil y de la mutual Antú Nehuén, se quitó la vida tras amenazar a un policía en la Dirección de Seguridad de Zapala. Acuña, de 27 años, era un joven dedicado a su familia y había decidido unirse a la Policía, siguiendo los pasos de su hermano Jorge.
El fatal incidente ocurrió mientras Acuña cumplía tareas adicionales, resultando en su muerte tras recibir cuatro disparos. Su familia, profundamente afectada, ha enfrentado un dolor que perdura hasta hoy. Rosana, su hermana, que necesitaba un trasplante de hígado del cual él se había ofrecido como donante, se sumió en la tristeza y actualmente atraviesa un complicado tratamiento por cáncer.
Después de la tragedia, los padres de Sergio pasaron meses visitando su tumba en el cementerio de Neuquén, lo que les llevó a mudarse a Senillosa en busca de alivio ante la pérdida irreparable. La familia sigue lidiando con el impacto del asesinato y el vacío dejado por el cabo Acuña.