La crisis migratoria en Ceuta ha generado un fuerte rechazo entre los aliados europeos del gobierno español. Aproximadamente 50.000 personas cruzaron la frontera hacia esta ciudad autónoma, mientras que el gobierno español asegura que 48.300 ya han regresado a Marruecos. Las reacciones más contundentes provienen de Italia, donde la primera ministra Georgia Meloni amenazó con suspender el tratado Schengen con España, aumentando los controles en sus fronteras.
Varios países europeos, incluyendo Finlandia, Suecia, Austria y Dinamarca, han apoyado la postura italiana, preocupados por la llegada de inmigrantes marroquíes a Ceuta. Aunque Italia no tiene frontera terrestre con España, la medida afectará a quienes viajen en avión o barco, quienes deberán presentar pasaporte para ingresar a su territorio.
El Ministerio del Interior italiano ha comunicado que se reforzarán los controles en la frontera franco-italiana para evitar cruces irregulares. Sin embargo, esta decisión es considerada más un gesto político que una acción efectiva, dado que Ceuta y Melilla están fuera del área Schengen y ya se realizan controles de identidad al salir de estas ciudades.
La forma en que Italia anunció estas medidas ha sido criticada por el gobierno español, que acusó a Meloni de "demagogia" y ha convocado a su embajador en Roma. Meloni ha respondido en redes sociales afirmando que Italia no permanecerá inactiva y que está preparada para tomar medidas extraordinarias para proteger sus fronteras y la seguridad de sus ciudadanos.