El orden internacional actual enfrenta una crisis de autoridad, legitimidad y capacidad de adaptación, a pesar de que la arquitectura jurídica, basada en la Carta de las Naciones Unidas y en tratados multilaterales, sigue vigente. Esta situación es resultado de la discrepancia entre los principios proclamados y su aplicación en la práctica.
A lo largo de los años, se ha observado una utilización selectiva de las reglas que conforman este orden. Cuando una norma se aplica para condenar a un adversario, pero se ignora frente a un aliado, se debilita su pretensión de universalidad. La legitimidad de un orden jurídico internacional depende de la aplicación uniforme de las normas, sin importar la posición de poder de los Estados involucrados.
Es crucial reconocer que las relaciones internacionales no se limitan al ámbito jurídico. Los Estados actúan en función de intereses y utilizan sus recursos económicos, diplomáticos y militares para protegerlos. En este contexto, se subraya la importancia de las coaliciones flexibles y la cooperación entre grupos variables de Estados, aunque estas no pueden reemplazar el multilateralismo ni resolver las disputas fundamentales sobre las reglas del sistema.