La reciente decisión de Estados Unidos de cancelar la visa de la embajadora de Brasil ha generado preocupación y críticas, considerándose un acto de intervención en las elecciones presidenciales de octubre, donde el presidente Lula da Silva buscará su reelección. Este hecho, calificado como “antidiplomacia” por un medio brasileño, suscita dudas sobre la efectividad de la estrategia impulsada por el canciller estadounidense, Marco Rubio.
El diario Estadão ha señalado que la intervención de EE.UU., en apoyo al candidato conservador Flávio Bolsonaro, podría no estar beneficiando a este último, quien aparece rezagado en las encuestas frente a Lula. Esto se acentúa cada vez que el gobierno estadounidense respalda de manera visible al ex presidente Jair Bolsonaro, actualmente preso, o impone nuevas sanciones a Brasil, lo que podría estar jugando a favor de la campaña oficialista.
Las tensiones han aumentado tras la imposición de aranceles del 25% a productos brasileños, así como un adicional del 12,5% por prácticas de “trabajo forzado”. Además, EE.UU. ha enviado funcionarios para inspeccionar el sistema de votación electrónico en Brasil y ha criticado el sistema de pago PIX, del Banco Central brasileño, que compite con tarjetas de crédito estadounidenses. Este contexto se complica aún más con el reciente nombramiento del cubano estadounidense Daniel Pérez como embajador, justo antes de las elecciones.
La estrategia de EE.UU. parece basarse en una comprensión errónea de la realidad brasileña y podría no considerar las críticas válidas hacia el gobierno de Lula, que no son parte del discurso oficial norteamericano.