La política exterior de España se caracteriza por un enfoque que prioriza la continuidad y el reconocimiento de sus intereses nacionales, en lugar de depender de cambios gubernamentales o legislativos. Este país ha sabido mantener una trayectoria diplomática rica y extensa, que ha sido clave en la formación del mundo moderno desde finales del siglo XV.
Entre los ejes fundamentales de la política exterior española se encuentran tres anclajes principales: el Mediterráneo, que se presenta como un foco estratégico por su geografía; Europa, que define su equilibrio estratégico y su papel en la consolidación de Occidente; y la dimensión ultramarina, que ha sido parte integral de su historia y desarrollo.
La creación de la Primera Secretaría de Estado y del Despacho en 1714 por Felipe V marcó un hito en la institucionalización de la diplomacia española, reconociendo la necesidad de una política exterior que no dependa exclusivamente del talento o la intuición momentánea, sino que se base en una comprensión profunda de los intereses duraderos del país.