La situación en Venezuela se ha visto marcada por un nuevo escenario de poder, donde la figura de Nicolás Maduro se ha visto desplazada en favor de las intenciones de Donald Trump. A pesar de este cambio, la represión y el control ejercido por el régimen siguen intactos, con nuevos arrestos de civiles y la presencia de bandas parapoliciales en las calles.
Trump ha dejado claro que no habrá elecciones en el corto plazo y ha enfatizado el acceso irrestricto a los recursos petroleros venezolanos como parte de su estrategia. Su canciller, Marco Rubio, ha delineado un plan en tres etapas que prioriza la "recuperación económica" antes de considerar la normalización democrática, lo que indica un enfoque más centrado en el negocio petrolero que en la libertad política.
El apoyo a sectores duros del régimen indica una intención de mantener un control férreo sobre la oposición, evitando que figuras como María Corina Machado accedan al poder. Esta situación, según analistas, podría resultar en un fortalecimiento de la dictadura, utilizando la fuerza como herramienta para reprimir cualquier disidencia y perpetuar su dominio.