Las proyecciones para el sector hidrocarburífero en Argentina se centran en la implementación del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que ha impulsado decisiones clave en infraestructura crítica, incluyendo oleoductos y plantas de licuefacción de gas natural licuado (GNL). Este avance promete transformar la balanza de pagos del país, posicionando al sector como uno de los mayores generadores netos de divisas.
Se espera que la producción de petróleo no convencional supere el millón de barriles diarios antes de finalizar la década, con la posibilidad de abastecer no solo al Cono Sur sino también al mercado global de GNL. El desarrollo de megaobras de infraestructura, como el proyecto Vaca Muerta Sur y la ampliación de la red de Oldelval, es fundamental para este crecimiento.
Desde el Gobierno, se ha destacado que la consolidación de Vaca Muerta como motor de divisas permitirá desvincular el crecimiento económico de las crisis recurrentes del sector agropecuario. Además, el creciente superávit energético se considera clave para sostener la estabilidad fiscal y las reservas necesarias para una mejor macroeconomía.
A pesar del optimismo oficial, ejecutivos del sector han expresado la necesidad de contar con previsibilidad regulatoria y la extensión de acuerdos laborales que aseguren la productividad en las operaciones. El crecimiento del sector energético se presenta como un elemento central para el financiamiento nacional y el desarrollo económico en los próximos años.