La producción de gas en Argentina alcanza un promedio de 140 millones de m3 por día, mientras que la demanda invernal puede superar los 180 millones de m3 diarios. Esta situación ha generado una escasez de Gas Natural Comprimido (GNC) en varias localidades, como La Plata, donde las estaciones de servicio llevan tres semanas sin abastecimiento. Las fábricas han detenido su actividad debido al alto costo energético y la falta de gas barato.
El Gobierno ha asegurado que no prevé cortes de gas en los hogares, aunque se están realizando importaciones de Gas Natural Licuado (GNL) desde Escobar y de Bolivia, además de compras ocasionales a Chile. Cuando la brecha entre la oferta y la demanda se amplía, se ordena a las centrales eléctricas que dejen de utilizar gas y opten por combustibles más costosos y contaminantes, como gasoil o carbón mineral.
Las distribuidoras tienen la facultad de solicitar a los usuarios que limiten su consumo, comenzando por los contratos interrumpibles, que son más económicos pero sin garantía de abastecimiento. Este sistema prioriza el suministro a hogares, escuelas y hospitales, evitando que se interrumpa el servicio a la demanda crítica.