Las historias de Celmira Yáñez y Ramón Darío Hernández se entrelazan en un relato que evoca la soledad y el misterio del norte neuquino. Celmira, quien desapareció en 1966 a los 20 años, dejó atrás solo su ropa y un cuaderno de versos en la orilla del río Neuquén. Nacida en Huinganco, su vida estuvo marcada por el abandono y el sufrimiento, y sus decimas reflejan su dolor y desamor. Su destino se ha convertido en leyenda, con rumores sobre su posible arrojo al río por amor o su huida hacia Chile.
Por otro lado, Ramón, un criancero de Los Miches, fue hallado sin vida en 2026, tras haber estado desaparecido durante 48 horas. La autopsia reveló que falleció por una grave pérdida de sangre a causa de un corte en el dedo gordo del pie. Aunque la fiscalía investiga las circunstancias de su muerte, no hay indicios de criminalidad. Las preguntas persisten: ¿por qué no pidió ayuda? ¿Fue un accidente o algo intencional? Su vida en el campo, marcada por la soledad, se extinguió sin dejar rastro de lo que pudo haber acontecido.
Ambas historias, aunque separadas por el tiempo y la distancia, reflejan el profundo silencio que puede habitar en el campo, donde el orgullo y la soledad a menudo impiden buscar ayuda. Las leyendas que rodean a Celmira y Ramón siguen vivas, recordando las tragedias que pueden suceder en la lejanía de la civilización.