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Política

06|02|2024

Martín Lousteau, Elisa Carrió y los partidos provinciales fueron los verdugos de Javier Milei
El oficialismo esperaba que el radicalismo díscolo, la Coalición Cívica y el bloque federal se abstuvieran, pero bajaron incisos. Detalles de la lista negra.

A pocas horas de caída la sesión en la Cámara de Diputados en la que se cayó la ley ómnibus, la cuenta oficial de Twitter de la Oficina de la presidencia difundió dos listados con integrantes de ese cuerpo, divididos entre quienes votaron "a favor" y "en contra" del "pueblo". En la primera nómina están las figuras que apoyaron cada artículo del proyecto; y en la otra, las que pulsaron el botón rojo al menos una vez. La enumeración se basó en las versiones taquigráficas oficiales difundidas el mismo martes y le sirvió al presidente Javier Milei, para identificar responsables de bloquear su primer festejo legislativo: el titular de la UCR, el senador Martín Lousteau, el exgobernador de Jujuy Gerardo Morales, Elisa Carrió y los partidos provinciales que gobiernan en Salta, Neuquén, Misiones, Río Negro (se agrupan en Innovación Federal), Santa Cruz y San Juan.

Estos sectores hicieron inocua la negociación que el Gobierno intentó hasta último momento con los mandatarios de Juntos por el Cambio, luego de romper relaciones con el cordobés Martín Llaryora. Como explicó LP, el lunes, los jefes de HCF y UCR, Miguel Pichetto y Rodrigo De Loredo, (quienes votaron todo con el Gbierno) le advirtieron a sus interlocutores de la Casa Rosada que no controlaban el voto de la mayoría de sus pares. El rionegrino había contabilizado un mínimo de diez rechazos a las facultades delegadas entre quienes habían aprobado el proyecto en general: seis de la Coalición Cívica y cuatro del bloque de Córdoba, que finalmente votaron a favor y desaprobaron incisos.

De Loredo garantizó sólo 18 de sus 34 para los temas centrales (facultades delegadas y privatizaciones). Los números no daban. Según el rastreo de la Casa Rosada, la rebelión radical, finalmente, fue mayor: al menos 25 de sus miembros votaron en contra alguna vez. Advertido, el jefe de bloque fue quien pidió que se votará por incisos para evitar que se cayeran artículos enteros.

El mensaje no llegó igual al jefe de LLA, Oscar Zago, y a su colega del PRO, Cristian Ritondo, quienes seguían la negociación desde el Congreso. Estaban seguros de que los dialoguistas díscolos se iban abstener y no se animarían a voltear al artículos con el kirchnerismo. No era lo que estaba pasando. Llaryora ya había dado la orden de votar en contra y durante la sesión Carrió publicó un tuit para rechazar las facultades delegadas.

La rebelión de Innovación Federal fue decisiva: ninguno de sus nueve miembros votó siempre positivo. Provocaron la caída de temas claves del proyecto, como las bases de las facultades delegadas para reformar el Estado, adecuar las tarifas y robustecer la fuerzas de seguridad.

El trío de Misiones, referenciado en el legislador provincial Carlos Rovira, se desmarcó de sus colegas y contribuyó además para voltear las bases de la delegación de seguridad. Este tema tuvo 28 votos de la UCR. No alcanzaron.

Tal como explicó LP, los partidos locales tienen la llave para abrir el Senado y esperaban gestos de la Casa Rosada que nunca llegaron. El gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal, había dado el voto de José Garrido para aprobar en general el proyecto y este miércoles lo mandó a bochar delegaciones. Tampoco votaron toda la lista de demandas libertarias Nancy Picón y María de los Ángeles Moreno, quienes tienen un bloque que reporta al gobernador de San Juan, Marcelo Orrego.

Los díscolos
Las imágenes de Lousteau y Morales en aquella conferencia de noviembre para rechazar un apoyo a Milei en el ballotage volvieron a las retinas de la tropa libertaria este martes. Como había anticipado Letra P, por la incidencia que tuvieron en el armado de las listas legislativas en los últimos dos comicios, entre ambos pueden reunir hasta 14 votos, una cuenta que suma a figuras fuertes como Julio Cobos y Facundo Manes, quienes no están dispuestos a ayudar a Milei. Siete de ellos se habían negado a firmar el dictamen de la ley ómnibus. Son votos decisivos en un recinto hiperfragmentado, porque superan los que aportan varios de los gobernadores de perfil alto.

Este grupo choca con Alfredo Cornejo, el gobernador de Mendoza, convertido en un radical dialoguista. Entre los nueve radicales que votaron todo con LLA estuvieron sus representantes Pamela Verasay y Lisandro Nieri. También a las autoridades de la bancada De Loredo, Karina Banfi y Soledad Carrizo.

Cornejo se escuda en el pragmatismo: politólogo de profesión, sostiene que mientras Milei tenga una imagen alta, conviene no chocar de frente. Arrastró en esa posición a sus colegas Leandro Zdero (Chaco) y Gustavo Valdés (Corrientes). No así el santafesino Maximiliano Pullaro, quien se plegó a Llaryora para pedir coparticipar el impuesto PAIS y subsidiar los déficit previsionales de las provincias.

Pullaro sólo tiene un voto en el bloque (Melina Giorgi), pero Lousteau lo ayuda con la tropa pura de Evolución, que incluye a Meriela Coletta, Gabriela Brouwer de Koning, Danya Tavella, Carla Carrizo, Pablo Cervi y Marcela Antola. Morales dejó otro grupo rebelde que se hizo sentir, con votos en contra. Lo integran sus coterráneos Natalia Sarapura y Jorge Rizotti; y Roxana Reyes, Fernando Carbajal, Atilio Benedetti y Marcela Coli.

La mayor parte de este grupo votó a favor en general de la ley ómnibus el viernes y el lunes se endurecieron. Consideraron una presión la intervención en los medios públicos que estaban sujetos a privatización. La respuesta, diseñada por el sector de Evolución, fue desmembrar las facultades delegadas para la reorganización del Estado para impedirle tomar medidas similares. Sólo se aprobaron cuatro de cinco incisos. El oficialismo pidió cuarto intermedio.

Para los bloques dialoguistas, la ley ómnibus está caída y la culpa es de Javier Milei
La UCR, Hacemos y los partidos locales creen que no habrá debate en comisión. Acusan al Presidente de bloquear acuerdos. La cocina del cuarto intermedio previo a la caída.

Los bloques opositores que contribuyeron a la aprobación en general del proyecto denominado ley ómnibus no creen que el debate pueda retomarse en comisión, donde debería continuar luego de la decisión tomada este martes por pedido de la bancada oficialista, para evitar que se siguieran cayendo artículos considerados esenciales por el presidente Javier Milei. Fuentes de UCR, Hacemos Coalición Federal (HCF) y de los partidos provinciales no imaginan que la discusión pueda reeditarse en el corto plazo.

En la Libertad Avanza tampoco visualizan un pronto tratamiento y recuerdan que el último párrafo del comunicado de la Oficina de Presidencia infiere que el proyecto quedará cajoneado hasta nuevo aviso: "La ley se debatirá cuando entiendan que es el pueblo quien la necesita, no el Gobierno", cerró esa misiva. En la reunión de bloque que lideró Oscar Zago no se dieron fechas próximas de actividad parlamentaria.

Entre los dialoguistas sobraba indignación por la "mala praxis" de la Casa Rosada. "No hay plafón político para abrir una comisión. Es necesario que el Presidente llame a los gobernadores y haya un acuerdo", sostuvo una fuente de HCF a Letra P. La UCR, conducida por Rodrigo De Loredo, que votó dividida todos los artículos, tuvo una hora de catarsis contra el Gobierno.

Como anticipó LP, la semana pasada, durante el tratamiento del proyecto, la aprobación definitiva se complicó cuando los gobernadores que digitan los bloques dialoguistas hicieron saber que no ayudarían si el texto final no contemplaba medidas impositivas que lo favorezcan. Proponían coparticipar del impuesto PAIS (que grava las compras en el exterior), pero estaban dispuestos a escuchar ofertas.

Los más duros eran el cordobés Martín Llaryora; y el radical Maximiliano Pullaro, de Santa Fe. Además de impuestos coparticipables, querían garantizarse el financiamiento a sus cajas previsionales. Milei no atendió sus reclamos y arriesgó los votos que necesitaba para ganar los capítulos más polémicos.

Para evitar una ruptura, el viernes se acordó aprobar el proyecto en general y pasar a un cuarto intermedio para negociar el articulado. El fin de semana no hubo novedades. Los emisarios de Milei seguían siendo el vicejefe de Gabinete, José Rolandi; y Maximiliano Fariña, empleado de Federico Sturzenegger. Intercambiaron borradores con los referentes de la UCR y HCF para acercar posiciones en los temas centrales, como facultades delegadas y privatizaciones, pero evitaban hablar de dinero. Ignoraban que los gobernadores del campo no estaban dispuestos a darle los votos al Gobierno a cambio de nada.

El lunes, como explicó LP, Llaryora bajó la orden de boicotear las facultades delegadas, que de esta manera quedaron cerca de caerse. Para evitarlo, LLA necesitaba la mayor parte del bloque UCR. Su jefe había sido claro: sólo podía asegurar 20 de sus 34 votos para los temas sensibles. Entre sus rebeldes, el grupo cercano a Martín Lousteau diseñó la estrategia para desguazar la ley: aprobar las facultades delegadas pero eliminarle sus bases. Los cordobeses y la Coalición Cívica se sumaron.

Salvatajes fallidos
Sin certezas de cómo sería la votación, en la mañana del martes los dialoguistas hicieron los últimos intentos para salvar la ley. Temprano, De Loredo y el presidente de HCF, Miguel Pichetto, hablaron con el ministro del Interior, Guillermo Francos. Ambos pidieron un compromiso expreso para hacer un pacto fiscal con medidas concretas.

Los gobernadores hicieron una videollamada con las autoridades de sus bloques para ponerse al día de las negociaciones. Se alarmaron cuando supieron que seguía entre las facultades delegadas la posibilidad de eliminar fondos fiduciarios. "¡Llamémoslo a (el ministro de Economía Toto) Caputo!", coincidieron.

El funcionario atendió a varios pero no dio soluciones. La única opción para sortear el problema era eliminar los fragmentos que referían a los fondos fiduciarios del proyecto. De Loredo improvisó una metodología en el recinto: votar por inciso. Nicolás Massot, de HCF, propuso una redacción alternativa y el diputado de LLA, Gabriel Bornoroni, encargado de coordinar la votación en particular, nunca lo entendió.

Fue el principio del fin. Los radicales díscolos y los partidos provinciales jugaron de memoria con Unión por la Patria y la izquierda para recortar el texto.: cayeron las bases de las delegaciones de seguridad y energía; y la mayoría de las atribuciones que contemplaba la administrativa. Tanto era el caos ese momento que Fariña y el asesor Lule Menem entraron en el recinto para ofrecer alternativas. En UP exigieron que se fueran.

Emilio Monzó, de HCF, con pasado como presidente de la Cámara baja, no salía de su asombro. "Tienen que leer el fragmento que quieren cambiar de cada artículo. ¡Al ritmo que vamos, vamos a tardar diez días!", calculó. No fue una ironía. Bornoroni tampoco lo entendió y siguió leyendo el último borrador que había acercado Francos.

Apareció el Duende
Mientras se caían los incisos de a uno, Pichetto y su compañero Oscar Carreño (uno de los más activos en la negociación) se acercaron a Zago para exigirle un cuarto intermedio y una reunión de jefes de bloque. Se había aprobado el artículo 6, llegaba el momento de debatir privatizaciones y no había una mayoría asegurada. La veintena de radicales que iba a acompañar exigía que se muestren los pliegos en tiempo real en la bicameral de Modernización y Reforma del Estado.

La reunión de autoridades, realizada en el bajo recinto, fue breve y uno de los testigos fue el asesor Santiago Caputo, a quien en el Congreso llaman "El Duende", el emisario más fiel del Presidente. Habló poco y recibió varios reproches de los diputados por acelerar una negociación que no tenía cerrada. Pichetto le pidió a Zago que si quería la vuelta a comisión, debía pedirla él. Observó la escena Martín Menem, el presidente de la Cámara.

El rionegrino habló con el jefe de Unión por la Patria, Germán Martínez, para acordar que no haya discursos. "Es la victoria de ustedes. No es necesario el recinto", lo convenció. También hubo diálogos con Myriam Bregman, de la izquierda. La ley ya estaba caída. Nadie cree que vuelva a tratarse.


Fuente LP